“Volver al futuro” • Eduardo Galvez

En los últimos años, probamos la existencia del Bosón de Higgs, conocido como la partícula de Dios, desciframos la totalidad del genoma humano y la reprogramación celular, desarrollamos la nanotecnología, descubrimos planetas exteriores al sistema solar semejantes a la Tierra y agua en Marte. Sin dudas, la ciencia del siglo XXI viene demostrando que en verdad somos hijos de un universo interconectado e inteligente.

Esta afirmación se convierte en una oportunidad inigualable para reformular preguntas de corte filosófico y existencial cómo: “¿De dónde venimos?” y “¿Quiénes somos?”. Ahora sus posibles respuestas son iluminadas desde una perspectiva diferente, que propicia lo que por siglos parecía imposible: la reconciliación entre ciencia y espiritualidad.

Estamos aprendiendo que no somos sólo materia, sino un cúmulo de vibración, generado y en resonancia con todo lo creado. Se desprende que nuestra conciencia es más que el producto de un cerebro físico. Es parte de un cosmos que se mira a sí mismo y se comunica en una incesante reconfiguración entre el aquí-ahora y el infinito-eternidad.

Esta nueva visión científica coincide con numerosos relatos de viejas creencias y tradiciones culturales respecto al origen y naturaleza del mundo. Una nueva concepción de quiénes somos y de dónde venimos nos está interpelando sobre cómo debemos seguir….

Quizás, nunca estuvo el futuro tan en juego. Hay muchos posibles, pero no todos aseguran la preservación de la especie humana, ¡terrible dilema que no deja espacio para la indiferencia! Es tiempo de expandir nuestra conciencia para expresarla a través de valores y prácticas que enaltezcan la vida en armonía con la gramática de la complejidad, las paradojas y la interconexión. La singularidad es que la ciencia comienza a leer estos fenómenos en las fronteras de la física cuántica, pero en nuestra vida cotidiana aún los solemos llamar: casualidad, misterio, sin sentido o milagro.

Al decir de Ervin Lazlo, “Nuestra propia naturaleza es la naturaleza del universo”. Estamos destinados entonces a vivirla en plenitud y para siempre.

Eduardo Gálvez

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