“La gran pregunta: ¿Quiénes somos?”

¿Quiénes somos? es una de las grandes preguntas milenarias. Nunca ha sido respondida a satisfacción de todos. Las respuestas han sido dadas mayormente a la luz de una doctrina preconcebida, una religión u otro sistema de creencias. Hoy podemos enfrentar esta pregunta en un contexto más confiable: a la luz del nuevo paradigma emergente en la ciencia.

En última instancia la pregunta ¿Quiénes somos? es una pregunta acerca de la naturaleza de nuestra consciencia. Si nuestra consciencia es un conjunto de sensaciones producidas por la descarga de las neuronas en el cerebro, se desvanecerá cuando nuestro cuerpo muera. Pero si la consciencia es algo real y fundamental en el mundo, podría existir también más allá de nuestro cuerpo. Ambas posibilidades han sido exploradas en la historia del pensamiento. ¿Cuál de ellas es la verdadera? El paradigma convencional dice que es la primera. Cuando el cuerpo muere, la consciencia cesa. Pero el paradigma convencional podría estar equivocado. La consciencia podría persistir en el mundo de la misma forma en que un programa emitido al aire persiste en el campo electromagnético aún cuando se apaga el televisor o la radio que lo recibió.
Esta posibilidad nos ofrece, como veremos más adelante, una nueva y diferente respuesta a la Gran Pregunta.

El Nuevo Concepto del Mundo

En la ciencia está emergiendo un nuevo concepto del mundo. Como lo señaló el astrofísico James Jeans, el mundo se parece más a un gran pensamiento que a una gran roca.
El concepto de “un mundo como pensamiento” es conocido en la historia de la ciencia. Científicos, filósofos y personas intuitivas de todos los ámbitos de la vida, a menudo han (puesto en duda) cuestionado que el universo (fuese ) seaun lugar destinado al movimiento de materia insensible dentro de un espacio pasivo y en un tiempo que fluye indiferentemente. El paradigma convencional, herencia de la mecánica clásica de Newton, ha seguido su curso. Según parece, el mundo, no es un conjunto de fragmentos separados de materia moviéndose de acuerdo a leyes mecanicistas, sino un mundo intrínsecamente completo donde todas las cosas están conectadas de modos que trascienden los límites de espacio y tiempo conocidos hasta ahora
Pareciera que las cosas que conforman el mundo, no son fragmentos discretos de materia.
Por sorprendente que pueda parecer, las cosas que componen el mundo son conglomerados de vibración altamente sintonizada que están conectados entre sí. Nuestro cuerpo es un conglomerado de vibraciones finamente afinadas interactuando y co evolucionando con otros conglomerados. Esto no es un postulado de filosofía especulativa, sino la conclusión resultante de los avances de la física y cosmología más innovadores.
Cuando los físicos exploran la naturaleza fundamental del mundo, descienden a la dimensión ultra pequeña en la que el espacio es “granuloso” y todas las cosas están instantáneamente conectadas. Independientemente de cuan profundo indaguen, no encuentran nada que puedan reconocer como materia. Lo que encuentran son ondas estacionarias que se propagan, creando conglomerados de vibración estacionaria o móvil. Anteriormente, los físicos asumían que es la materia la que vibraba- partículas y conjuntos de partículas de materia. El mundo es material, dijeron, y vibración es la forma en que las cosas materiales se observan en el mundo. Pero parece ser que lo contrario es lo verdadero. El mundo es un conjunto de vibraciones y la materia es simplemente la forma en que las vibraciones se ven al ser observadas.
El gran físico Max Planck lo dijo claramente. En una de sus últimas conferencias en Florencia, señaló, “Como un hombre que ha dedicado toda su vida a la ciencia y al estudio de la materia, puedo decirles lo siguiente como resultado de mi investigación acerca de los átomos: la materia como tal, no existe. Toda materia se origina y existe sólo en virtud de una fuerza que hace vibrar las partículas de un átomo y mantiene unido este diminuto sistema solar del átomo”. Planck no fue el único en enunciar el nuevo concepto. Dos años antes de la declaración de Planck, el excéntrico genio Nicola Tesla dijo que si queremos conocer los secretos del universo, deberíamos pensar en términos de energía, vibración y frecuencia.
Hoy podemos afirmar, inequívocamente, que lo que hay en el mundo no es materia, sino vibración. No es de corpúsculos de materia sino de conglomerados de vibración de lo que están hechas todas las cosas en el mundo – incluso aquellas que parecen materiales.
La afirmación, “todo es vibración” plantea una pregunta adicional. Si todo es vibración, ¿de qué está hecha toda vibración? ¿Qué es lo que vibra? Si no se trata de materia, pues la materia, sabemos, no existe en el universo. ¿Podría ser espacio? El espacio vacío no puede vibrar, pero el espacio no está vacío: no es un “vacío”, sino un “plenum”. Y un “plenum”, un espacio lleno, puede vibrar. De hecho, lo que los físicos suelen llamar o “vacío cuántico”, es en realidad un campo repleto de patrones y conglomerados de vibración. Son de diversos tipos; electromagnéticos, gravitatorios, nucleares… El “pleno” cósmico es un campo universal de vibración: es lo que los físicos llaman el gran campo unificado, el campo de punto cero, el campo cuántico universal, el orden implicado o el campo Akáshico. Todas las cosas que surgen y evolucionan en el espacio y el tiempo, son vibraciones de este campo. Esto se aplica a nuestro cuerpo también: a fin de cuentas, nosotros mismos somos conglomerados de la vibración en el campo cuántico universal.

El nuevo concepto de Consciencia

De acuerdo al nuevo paradigma científico, las cosas en el mundo son conglomerados de vibración en el campo cuántico universal. Pero ¿hay algo más en el mundo que conjuntos de vibraciones que aparecen como cosas y cuerpos tangibles?
El viejo paradigma sostenía que todo es materia de una forma u otra. No hay, ni puede haber, algo en el mundo que no sea material. Pero, ¿cómo podrían la mente y la conciencia ser materiales? Y si no lo son, no pueden existir en el mundo. Sólo pueden ser fenómenos producidos por cosas materiales, tales como el cerebro de (los) organismos vivos.
El viejo paradigma reducía el mundo a materia, y ahora, pareciera que el nuevo paradigma reduce el mundo a vibración. Sin embargo, esto no es el caso, porque el nuevo paradigma reconoce que hay algo más que conglomerados de vibración en el mundo. Hay algo subyacente a las vibraciones; algo sugerido por el hecho de que las vibraciones están extraordinariamente (y precisamente) sintonizadas. Son coherentes y coordinadas, y dan origen a un universo altamente ordenado y diversificado. Algo debe estar ordenando las vibraciones…
El factor ordenador en la naturaleza es conocido en la ciencia como el conjunto de las leyes de la naturaleza. Pero, ¿cómo pueden aparecer leyes que den lugar a un universo diverso y altamente ordenado? No es probable que sea por pura casualidad.
El orden que encontramos en el universo es notable; en un acercamiento más profundo, es asombroso. Hay tres docenas o más de “constantes cosmológicas” que determinan cómo está estructurado el universo, y al cambiar de valor de cualquiera de ellas incluso por una billonésima parte de su valor actual produciría un universo muy diferente, en la mayoría de los casos un universo incapaz de soportar cualquier forma de vida. Las complejas estructuras que llamamos sistemas vivos no podrían ser el resultado de una mezcla aleatoria de los átomos y las moléculas que los constituyen. Recreando el ADN de una mosca de la fruta mediante procesos aleatorios exigiría más tiempo del transcurrido desde el nacimiento de este planeta. Según el físico matemático Fred Hoyle, la probabilidad de que aparezcan nuevas especies por una mutación aleatoria de sus genes es comparable a la probabilidad de que un huracán que sopla a través de un depósito de chatarra arme un avión que funcione.
Para utilizar el término introducido por David Bohm, el mundo en que vivimos parece ser “in-formado”. La pregunta es ¿cómo y por qué, es in-formado? Max Planck sugirió una respuesta. Detrás de la fuerza que mantiene unidas las vibraciones del núcleo atómico, “debemos asumir –dijo-la existencia de una mente consciente e inteligente.” Esa inteligencia es la matriz de toda la materia.
Aquí llegamos al quid de la cuestión: ¿Quiénes somos? Nuestra consciencia decide nuestra identidad y es más que nuestro cerebro. Al igual que todos los sistemas complejos en el mundo, somos in-formados por una inteligencia que es el núcleo de la realidad. Esa inteligencia es la que mantiene el protón y el neutrón juntos, mantiene unidos a todos los átomos y a todos los sistemas formados por átomos a lo largo del espacio y el tiempo. Es una inteligencia universal, presente en todas las cosas. Está presente en nosotros: manifestada en la afinada sintonía de las células y órganos que componen nuestro cuerpo. In-forma nuestro cerebro y nuestra mente. Nuestra conciencia no está confinada en nuestro cráneo. Es una parte no localizada de la inteligencia que in-forma al universo.
Esto no significa, por supuesto, que todo lo que aparece en la conciencia deriva de una inteligencia cósmica. La conciencia cotidiana está provista de imágenes y sonidos, texturas, olores y sabores, datos sensoriales producidos por la decodificación de las vibraciones ambientales realizada por el cerebro y el sistema nervioso. Los elementos trans-sensoriales de la conciencia adquieren relevancia cuando las operaciones normales del cerebro se aletargan o apagan. Esto ocurre en el sueño profundo y en los estados hipnóticos entre el sueño y la vigilia. Podemos lentificar conscientemente nuestra “mente de mono” entrando en las regiones profundas de nuestra psique, buscando lo que los hindúes y los budistas llaman el vacío que es una plenitud que todo lo abarca. Este vacío-repleto es el campo cuántico universal – el territorio Akáshico de la experiencia humana.
Podemos acercarnos a él en meditación y en oración, relacionándonos con las personas y la naturaleza con amor incondicional, y cultivando un reverente sentido de asombro que nos indica que estamos en comunicación con algo más grande que nosotros mismos.
Entrar en estados alterados de consciencia es una forma práctica de acceder a la información de origen extra-sensorial, pero también hay un acceso más espontáneo. Este es un tema de intensa investigación entre neurobiólogos y físicos. Están haciendo progresos en decodificar los mecanismos responsables para el acceso extra-sensorial, aunque todavía no han alcanzado un completo entendimiento. Pero ya sabemos que los procesos ocurren a nivel cuántico y que involucran la resonancia de los micro-túbulos y de las redes sub-neuronales en el citoesqueleto de las células del cerebro y del cuerpo. Las matrices a nivel cuántico resuenan con las vibraciones del campo cuántico del universo.

¿Quiénes somos, en realidad?

Einstein en cierta ocasión comentó que hay dos maneras de vivir la vida: como si todo fuese un milagro, o como si nada lo fuese. Para el ya trascendido, aunque todavía mantenido viejo paradigma en algunos sectores, el mundo es un mecanismo gigante que funciona de acuerdo a las leyes parcialmente conocidas y en principio totalmente cognoscibles. Cuando descubrimos estas leyes, el mundo ya no es más un milagro y nada es un milagro en el mundo.
El nuevo concepto emergente en la ciencia ofrece una respuesta diferente. El mundo está interconectado y completo, y es in-formado por la conciencia. Este no es un mundo finito, material-mecanicista. Es un mundo milagroso infundido de conciencia: las cosas que existen en él son in-formadas por una inteligencia cósmica. Si es así, entonces ¿quiénes somos en realidad?
Somos conglomerados de vibración in-formados por la inteligencia del cosmos. Nuestra conciencia es la manifestación localizada de esa inteligencia. Su existencia no depende de ser transmitida por nuestro cerebro ni por ningún cerebro. Existe una enorme evidencia, acumulada a lo largo de miles de años de observación e investigación, de que la conciencia trasciende al cuerpo. La creencia en la supervivencia del alma, presente en casi toda religión y sistema espiritual, es más que una ilusión. Lo que la tradición llama “alma” es un segmento localizado de la inteligencia del cosmos. “Mi” alma es un segmento de esa inteligencia. Persiste y evoluciona hasta alcanzar el estado más elevado de su evolución y entra en comunión con la inteligencia que permea todas las cosas en el universo.
Ahora podemos responder a la pregunta “¿Quiénes somos?” Somos seres milagrosos en un mundo milagroso: vibraciones precisamente sintonizadas en el campo cuántico universal, in-formadas por la inteligencia que impregna todo el espacio y el tiempo.

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